sábado, 17 de marzo de 2012

Patrística sobre el Día del Señor


Hay quienes sostienen hoy en día que la práctica de la adoración dominical, tan extendida entre las iglesias, fue instituída por Constantino en el año 325 de nuestra era, con el objeto de hacer el cristianismo más amigable a las culturas paganas que componían en Imperio Romano, ya que el día domingo se celebraba al sol como deidad. Si siguiéramos esta línea de pensamiento, nos veríamos forzados a admitir que la adoración dominical constituye una transgresión flagrante a las Escrituras y una violación de la ley de Dios.

Sin embargo, ¿Es cierto que fue Constantino quien instituyó el descanso y la adoración el día domingo? La evidencia literaria de los llamados "padres de la iglesia" nos lleva en sentido contrario. Sus escritos confirman que esta práctica traza sus orígenes al siglo I, es decir, el nacimiento mismo de la cristiandad.

Pese a que los escritos patrísticos no son regla de fe para quienes profesamos la fe bíblica, constituyen un antecedente histórico importante -y podríamos decir concluyente- que nos permite constatar que la adoración dominical fue instituida por Cristo mismo a través de sus Apóstoles.

Revisemos algunas de sus afirmaciones, teniendo en cuenta el año en que probablemente se hicieron, así como su lugar de procedencia, que nos habla de la extensión geográfica de esta creencia:

Justino Mártir
(100-165 d.C., Flavia Neápolis, antigua Siquem, Cisjordania): “Y en el día llamado Domingo, todos quienes viven en las ciudades o en el campo se reúnen en un lugar, y se leen las memorias de los apóstoles o los escritos de los profetas, tanto como el tiempo lo permita; entonces, cuando el orador ha terminado, quien preside instruye y exhorta verbalmente a imitar estas cosas buenas. Luego nos levantamos todos juntos y oramos, y, como dijimos antes, cuando nuestra oración ha acabado, son traídos el pan, el vino y el agua, y el presidente ofrece oraciones y acciones de gracias de acuerdo a su capacidad, a lo que el pueblo asiente diciendo “Amén”. Luego se distribuye a cada uno, y se reparte algo de lo que fue objeto de acción de gracias, y los diáconos hacen llegar una porción a quienes estuvieron ausentes. Y aquellos que poseen alguna cosa y están dispuestos, dan lo que estiman conveniente, y lo que se recolecta es depositado con el presidente, quien socorre a los huérfanos, a las viudas, y a quienes están en necesidad, ya sea por enfermedad o cualquier otra causa, y aquellos que están en cadenas, así como a los extranjeros que residen entre nosotros, teniendo cuidado de todos quienes se encuentran en necesidad.

Pero el Domingo es el día en el que todos nosotros hacemos nuestra común reunión, porque es el primer día, el día en que Dios, habiendo forjado un cambio en la oscuridad y las cosas, hizo el mundo; y el mismo día en que nuestro Salvador Cristo Jesús se levantó de la muerte” (Primera Apología de Justino, Cap. 67).

Ignacio de Antioquía (ca. 117 d.C.): “Permitid a cada amigo de Cristo guardar el Día del Señor como un festival, el día de la resurrección, principal y rey de todos los días (de la semana)” (Carta a los Magnesios, Cap. IX).

“Al amanecer del Día del Señor Él se levantó de la muerte, conforme a lo que Él mismo pronunció: “como estuvo Jonás en el vientre del monstruo marino tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra.” El día de la preparación, entonces, comprende la pasión; el Sabbat acapara el sepultamiento; el Día del Señor contiene la resurrección” (Carta a los Tralianos, Cap. IX).

Bernabé (ca. 100 d. C.): “Por último, les dice: Vuestros novilunios y vuestros sábados no los aguanto. Mirad cómo dice: No me son aceptos vuestros sábados desde ahora, sino el que yo he hecho, aquél en que, haciendo descansar todas las cosas, haré el principio de un día octavo, es decir, el principio de otro mundo. Por eso justamente nosotros celebramos también el día octavo [el domingo] con regocijo, por ser día en que Jesús resucitó de entre los muertos y, después de manifestado, subió a los cielos” (Epístola de Bernabé, XV, 8).

Orígenes (Alejandría, 185 - Tiro o Cesarea Marítima, 254): “En domingo, no se debe hacer ninguna de las obras del mundo. Absténganse de todas los trabajos de este mundo y guárdense libres para las cosas espirituales, vayan a la iglesia, escuchen las lecturas y las predicaciones, mediten en las cosas celestiales” (Homil. 23 sobre Números 4, PG 12:749).

Cipriano de Cártago (ca. 258): “El octavo día, que es, el primer día después del Sabbath, y el día del Señor” (Epístola 58, sección 4).

Didaché (ca. 70-100): “Los días del Señor reuníos para la partición del pan y la acción de gracias, después de haber confesado vuestros pecados, para que sea puro vuestro sacrificio” (XIV, v. 1).

Tertuliano (ca. 160-220, Cartago): “Nosotros nos alegramos el domingo espiritualmente, no por el culto, o veneración del Sol, sino por fines más altos. Los gentiles en Sábado celebran sus fiestas a Saturno, diferenciándose mucho del rito judaico que ignoran, que en los Judíos el ocio del Sábado es misterio: en los gentiles soltura para ocuparse en todo género de lascivias. Nosotros en todo nos diferenciamos de todos; porque el día después del Sábado es nuestra fiesta, y el rito es honesto y sobrio” (Apología de Quinto Septimio Florente Tertuliano, Presbítero de Cártago, Contra los Gentiles, en Defensa de los Cristianos, cap. XVI).

Clemente de Alejandría (ca. 150-211): “Un verdadero cristiano, de acuerdo con lo ordenado en el evangelio, observa el dia del Señor echando fuera todos los malos pensamientos y dedicándose a todo lo bueno, honrando la resurrección del Señor, la cual tomó lugar en ese día” (Stromata, L. VII, XII.76.4).

Atanasio de Alejandría (ca. 296-373): “El Sabbath fue el fin de la primera creación, y el día del Señor el comienzo de la segunda, en la cual renovó y restauró lo antiguo de la misma forma que prescribió que debían anteriormente observar el Sabbath como memorial del fin de las primeras cosas, así nosotros honramos el día del Señor como memorial de la nueva creación” (Sobre el Sábado y la Circuncisión III).

Eusebio de Cesarea (ca. 275-339): “[El grupo herético de los ebionitas] Guardaban el sábado y toda la conducta judaica, pero el domingo observaban prácticas parecidas a las nuestras en memoria de la resurrección del Salvador” (Historia de la Iglesia, XXVII, 5).

Concilio de Laodicea (ca. 363-364, Anatolia): “Los cristianos no han de judaizarse y no deben estar inactivos en el Sabbath, sino que deben trabajar ese día. Deben, sin embargo, reverenciar particularmente el día del Señor, y, si es posible, no trabajar en él, porque son cristianos” (Canon XXIX).


Toda la evidencia anterior lleva al historiador suizo Philip Schaff a concluir: “La celebración del día del Señor en memoria de la resurrección de Cristo, data indudablemente de la era apostólica. Nada menos que el precedente apostólico puede explicar la observancia religiosa universal en las iglesias del segundo siglo. No hay una sola voz de disensión”.

“La observancia universal y no contradicha del domingo en el segundo siglo sólo puede ser explicada por el hecho de que esta tiene su raíz en la práctica apostólica” (Vol. 1; pg. 478-479).

Soli Deo Gloria

viernes, 24 de junio de 2011

Corazón puro, iglesia pura - Leonard Ravenhill

"Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de delante de ti,
Y no quites de mí tu santo Espíritu.
Vuélveme el gozo de tu salvación,
Y espíritu noble me sustente.
[...]
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios" Sal. 51:10-12, 17.

"Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón;
Porque de él mana la vida" Pr. 4:23

"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" Gá. 2:20



miércoles, 13 de abril de 2011

¿Eres verdaderamente un hijo de Dios? - Paul Washer


"Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.
Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
Así que, por sus frutos los conoceréis" Mt. 7:16-20.



"Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos" Hch. 17:30-31.



sábado, 8 de enero de 2011

El mundo se nos ríe en la cara

Ciertamente, en el cristianismo el fin no justifica los medios. El hecho de que nuestro objetivo sea que el mundo conozca las buenas nuevas de salvación, no legitima por sí solo los métodos que utilicemos para ello.

Es de todos conocido que muchas congregaciones actualmente intentan "atraer" al mundo con estrategias nuevas y modernas, generalmente relacionadas con el espectáculo y la entretención. Se montan obras de teatro, café concert, olimpiadas, tocatas, conciertos, y un sinnúmero de actividades cuyo objetivo es hacer sentir cómodos a quienes no creen en Cristo. La idea es que ni se note que se trata de una iglesia.

En otras palabras, para "atraer" al mundo, se termina imitando al mundo, teniendo como resultado la secularización de la iglesia. Cuando una congregación ya ha pasado por este proceso, es casi indistinguible de un club social común y corriente. Las prédicas se destinan a agradar a los oyentes, lo que por supuesto excluye toda mención a conceptos como "pecado", "arrepentimiento", "santidad", "juicio" o "infierno".

Pero, ¿Es este el fin que ha tenido la iglesia siempre? ¿Agradar a los incrédulos? Veamos lo que dice la Biblia:


"Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo" Gá. 1:10

"Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios" 1 Co. 2:1-5

"Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros" 2 Co. 4:7

"Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto" Ro. 12:2

"lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación" Lc. 16:15b


Si la Biblia es tan clara, ¿Por qué entonces algunos insisten en parecerse al mundo? ¿Serán realmente tan nobles sus fines?

Si alguno persiste en imitar lo secular para predicar mejor las buenas nuevas, es porque tiene al menos 3 creencias erradas:

1) Que es la obra del predicador la que produce la conversión. Si se cree esto, el predicador no diferirá mucho de un publicista o un asesor político. Lo que importa es la popularidad, y no la verdad.
2) Que el Evangelio no es suficiente para convertir el corazón del hombre. Si se cree esto, se buscará apoyo en métodos humanos, la psicología, el mundo de la entretención y en general todo lo que sea eficiente en atraer la atención y lograr convencimiento.
3) Que omitiendo la verdad bíblica sobre el pecado del hombre, la santidad de Dios, la necesidad de arrepentimiento y la obra de la cruz, se está predicando realmente el Evangelio.

El único "poder de Dios para salvación" (Ro. 1:16) es el EVANGELIO COMPLETO. Todo lo demás, se quemará como hojarasca cuando llegue la hora.

Que el Señor tenga misericordia y enmiende nuestra senda. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.

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Comparto un video sobre la percepción del mundo respecto de los métodos mundanos que están utilizando muchas congregaciones. La idea original es de www.eshoradesereal.com ; y la edición de video corre por cuenta de su servidor. Bendiciones.



lunes, 30 de agosto de 2010

Enfrentando la Tentación


Ciertamente el cristiano enfrenta diversas luchas, siendo una de las más difíciles aquella que se libra contra las tentaciones. Me atrevo a asegurar que todo cristiano batalla contra ellas de forma cotidiana, y que incluso, si no encuentra lucha alguna en su vida debiera preguntarse si está en la fe de Cristo.


Pero ¿Por qué nos enfrentamos a esta guerra con nuestra carne, de tal manera que nuestra voluntad no pocas veces llega a verse doblegada?


La respuesta clama en las Escrituras: es porque nuestra carne se inclina hacia el pecado. En efecto, encontramos diversos pasajes que ilustran esta verdad:


“dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud” Gn. 8:21


“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Jer. 17:9


“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” Mr. 7:21-23.


“Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” Ro. 8:7-8.


Incluso, Santiago clarifica aún más el proceso de la tentación, al decir que “cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Stg. 1:14-15). Es decir, todo el material necesario para llevarnos a incurrir en pecado está en nuestro interior, faltando sólo un detonante que libere el potencial maligno de nuestro ser.


Es por esto que todo cristiano enfrenta diariamente una lucha contra su propia naturaleza, en tanto va siendo transformado por el poder del Espíritu Santo.


Pero… ¿Significa esto que estamos condenados a caer en pecado? De ninguna manera. Dice también la Biblia:


"No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar" 1 Co. 10:13.


“el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” Fil. 1:6.


“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” Stg. 1:12.


“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” Stg. 4:7.


Estos hermosos pasajes nos dan a entender que un cristiano no sólo puede, sino que también debe superar la tentación. Dicha prueba, como dice una de las citas, no será superior a lo que podemos soportar, por lo que siempre habrá un instante de decisión en el que podemos huir.


Es necesario tener claro, de todas formas, que esta lucha nunca debe hacerse en las propias fuerzas, ya que eso sería como ir al choque contra una locomotora a toda velocidad. Es preciso “esforzarse en la gracia” (2 Ti. 2:1) que es en Cristo Jesús, sabiendo lo que el maestro dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:5).


Por otra parte, es preciso saber que somos débiles y nuestra carne está presta a caer, por lo que nunca hay que explorar nuestros límites ni sentir que podemos resistir. Tomemos el ejemplo de Lot, cuya vida espiritual decayó no cuando vivía en Sodoma, sino cuando “fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma” (Gn. 13:12). El camino hacia la caída comienza con un paso en falso.


Ya lo dijo también Cristo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” Mt. 26:41.


Así también es menester tener en cuenta que, como dijo el Apóstol Pablo, “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Ef. 6:12-13).


Velar y orar es entonces la clave, tomando las palabras del mismo Cristo. Y recordemos esto, que “no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (He. 4:15).


Bendito sea el Señor nuestro Dios, que Él desarrolle la santidad en nosotros. Amén.


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Dejo aquí un video ad-hoc, del Pastor Joshua Harris, sobre cómo enfrentar la tentación. Bendiciones.





martes, 22 de junio de 2010

Cristianos de Hoy: ¿Demasiado Suaves?


Vivimos en tiempos en los que la confrontación no es bien vista, incluso si se trata de la refutación del error. Al parecer se valora el acuerdo sólo por ser tal, no importando si con ello se compromete la verdad.

Por ello, cuando se expone el error de un falso maestro, suelen surgir voces con proclamas tales como "no juzgues", "en vez de criticar, predica el evangelio", o "mientras discutimos el mundo se muere sin Cristo allá afuera".

Es cierto, es absolutamente necesario predicar el Evangelio a quienes aún no creen en Jesucristo, pero, ¿Acaso eso impide denunciar el error? Ambas actividades no tienen por qué ser excluyentes; muy por el contrario, han de ser complementarias. De hecho, así lo hicieron los Apóstoles, e incluso el mismo Cristo, como veremos más adelante.

Por otra parte, muchos creen que denunciar el error es algo que Jesús prohibió bajo el mandamiento de no juzgar. Sin embargo, una y otra cosa son totalmente distintas:

a) "No juzgar" se refiere a un juicio moral, donde quien juzga se considera cumplidor de la ley de Dios, concibiendo al ser juzgado como alguien inferior espiritualmente. Un ejemplo claro lo encontramos en este fariseo:

"El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano" (Mt. 18:11-12).

Aquí vemos que se trata de una actitud de altanería espiritual, donde no hay reconocimiento del pecado propio; muy por el contrario, se cree en la justicia propia, basada en las obras. Además, se apunta a otros con el dedo, señalándolos como pecadores, como si quien señala no lo fuera.

Esto se contrapone a la fe bíblica, en la que el hombre es humilde ya que se reconoce pecador, y sabe que sólo la gracia de Dios ha podido salvarlo.

b) Por otra parte, el juicio doctrinal consiste en denunciar el error, estando conscientes de que la fe viene por el oír la Palabra de Dios (Ro. 10:17), y que por tanto es de suma importancia la fidelidad del mensaje que se predica. Este juicio no sólo es permitido en las Escrituras, sino que también es ordenado como mandamiento. Aquí encontramos diversos ejemplos bíblicos de juicio doctrinal:

"Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces" Mt. 7:15 (¿Cómo me guardo de ellos, si no puedo distinguir cuál es la verdad del error?)

"[hablando de los obispos] retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen. Porque hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión, a los cuales es preciso tapar la boca; que trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene" Tit. 1:9-11


"Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.

Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo" Jud. 3,4.


"Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.

Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado,

y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme" 2 P. 2:1-3 (leer todo el capítulo)


"Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos" Ro. 16:17


En estas citas se reconoce la existencia de falsos maestros, y se insta a denunciarlos, lo que implica un juicio, es decir, una distinción entre lo correcto y lo incorrecto. ¿Te parece esto demasiado severo? Leamos a los Apóstoles:


"Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo" Fil. 3:2


"Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición, recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores. Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición. Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta. Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre. Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error. Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció [...]" 2 P. 2:12-19.


"Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales. ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré.

Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas.

[...] Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho" Jud. 10-13, 16.


Por otra parte, muchos pretenden aplicar a la situación de los falsos maestros el siguiente pasaje:

"Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano" Mt. 18:15-17

Sin embargo, como el mismo pasaje señala, su aplicación es cuando un hermano "peca contra ti". Primero que todo, debe tratarse de un hermano, es decir, alguien que forme parte del cuerpo de Cristo, cuestión que no ocurre con los falsos maestros. De otro lado, el pasaje señala que ha de tratarse de un pecado "contra ti", lo que no ocurre cuando se predica un falso evangelio, ya que en ese caso es un atentado contra la verdad de Dios, y por tanto contra Dios mismo. En este caso, como señala el texto ya citado de Ro. 16:17, es necesario fijarse en quiénes están causando divisiones en doctrina y apartarse de ellos, denunciándolos para que otros hermanos sean librados del error también.

En fin, la Biblia admite la confrontación del error, y no sólo eso, sino que también la impone como mandato. Por ello, no nos creamos más piadosos que Jesús y sus Apóstoles, y sigamos su ejemplo. Es la verdad del Evangelio la que está en juego, lo que también tiene efectos en la salvación de los que aún no creen.

Que Dios nos de sabiduría y discernimiento, así como también gracia y mansedumbre. Amén.

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Incluyo aquí un comentario hecho por el hermano Emanuel Elizondo, que me parece esclarecedor y con el que estoy en absoluto acuerdo. Dice este hermano respecto de lo escrito arriba:

Es verdad que como cristianos no debemos de juzgar con una actitud de "soy más santo que tú". Mi única duda, y leve desacuerdo si se me permite, es que creo que cuando Cristo manda no juzgar, el mandato es más bien a no juzgar injustamente, ya que el cristiano en ciertas situaciones debe de hacer juicios de carácter moral.

1 Cor. 6, por ejemplo, las disputas no son doctrinales, sino de fraude (vv.7-8), lo cual es un pecado moral (Lev. 19:36; Prov. 16:11), y sin embargo Pablo dice, "¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos...?"

Otro ejemplo es el de los ancianos y diáconos de la iglesia, los cuales deben de cumplir ciertos requisitos morales (1 Tim. 3), pero si los cristianos no pueden hacer juicios de carácter moral, ¿quién decidirá quiénes son aptos para el pastorado?

Gracias a nuestro hermano, que Dios lo bendiga.
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Los dejo con un video atingente al asunto. Gracias a LUMEL por subir el video original.


jueves, 6 de mayo de 2010

Deja ir tu pecado o perece

"Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios" He. 12:1-2.

"Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios" 2 Co. 7:1

Que Dios tenga misericordia de nosotros, y nos llene de su gracia para vivir la vida en Cristo.