miércoles, 20 de mayo de 2009

La cruz de Cristo nos salvó de la ira


Muchas veces decimos: "Dios me salvó", pero ¿De qué nos salvó? ¿De la muerte, de nuestros pecados, de la depresión (según muchos dicen hoy)? La verdad, aunque Cristo nos salvó de la muerte y pagó el precio por nuestros pecados, lo más exacto es decir que Dios nos salvó de sí mismo. Sí, tal como lee, Dios nos salvó de su ira, que iba a ser desplegada sobre nosotros. Veamos:

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Ro. 5:8-9 RVR).

“[…] Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios” (Ef. 2:3 NVI).

“y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (I Tes. 1:10 RVR).

“Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo” (I Tes. 5:9 RVR).

“Él fue traspasado por nuestras rebeliones,
y molido por nuestras iniquidades; 
sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, 
y gracias a sus heridas fuimos sanados. 
Todos andábamos perdidos, como ovejas; 
cada uno seguía su propio camino, 
pero el Señor hizo recaer sobre él 
la iniquidad de todos nosotros” (Is. 53:5-6 NVI).

Es decir, si algo merecía el hombre no era la oportunidad de ser salvo ni la misericordia de Dios, sino su ira. Esa ira cayó sobre su unigénito Hijo, para así satisfacer la justicia de Dios. Esto merece un pequeño análisis:

a) El amor de Dios no puede ser injusto, puesto que sería una mancha en su Santidad y Justicia perfectas. Luego, no podía perdonar al hombre sin más.

“El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación a Jehová” (Pr. 17:15 RVR).

b) De esta forma, para que Dios pudiera perdonar, antes debía satisfacer su justicia. La forma de llevar esto a cabo es mediante la muerte del transgresor. Sin embargo, se acepta la muerte de un substituto por él, sacrificado para el perdón de sus pecados. En la ley de Moisés se establece un sistema de sacrificios de animales con este objeto, siguiendo el principio de que “sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22). Aunque en la ley se establecieron las reglas, Dios había revelado esta voluntad desde antes (ver p. ej. el sacrificio de Abraham, en Gn. 22).

c) Sin embargo, esto no podía hacer perfectos para siempre a quienes lo realizaban, dado que no era más que la sombra de lo que había de venir:

“Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan” (He. 10:1 RVR).

“[…] es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados” (He. 10:4 NVI).

d) Por esto, su unigénito Hijo fue enviado al mundo para borrar la condenación del pecado sobre aquellos que está santificando:

“Porque con un solo sacrificio ha hecho perfectos para siempre a los que está santificando” (He. 10:14 NVI).

e) Esto pudo ser así porque como ya vimos, el Hijo soportó sobre sí la ira de Dios por los pecados. De esta forma, fue puesto como “propiciación” o “expiación”, esto es, un sacrificio que satisface las exigencias de la justicia de Dios. Entonces, una vez que la ira de Dios por el pecado es soportada (la paga del pecado es saldada, Ro. 6.23), el amor y la misericordia de Dios hacia el pecador pueden tener lugar, porque son justas.

En suma, no es cierta la afirmación muchas veces sostenida en que se dice: “Dios, en vez de ser justo contigo, fue misericordioso”. Eso equivale a decir que el amor de Dios es injusto, cuando en realidad es conforme a su justicia, por las razones que acabamos de ver.

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Los dejo con una EXCELENTE prédica del Pastor Paul Washer, que complementa lo dicho arriba. Agradecemos al blog "Como los de Berea" por subir este video.

5 comentarios:

  1. UNA OPINIO PERSONAL

    Una vez me pregunte a cerca de mi Fe y escribí:

    Cuál es la Fe de algunos cristianos o mejor dicho porque somos cristianos… “solamente nos hacemos cristianos para librarnos de un infierno” o peor aun “nos hacemos cristianos para ganarnos un cielo”. Como si esto dependiera de nosotros. El miedo o el interés no pueden ser la base de nuestra Fe.

    Efesios 2:13 - Pero ahora, en Cristo Jesús, ustedes, los que antes estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo.

    “La salvación no es para llegar al cielo y ver allí a nuestros seres queridos que ya han partido, sino para estar en la presencia de nuestro creador”. Mi necesidad de Dios es base de mi Fe.

    Sin duda que en el amor de Dios, Jesucristo nos libra de la ira (justicia) de Dios:

    Romanos 5:10-11.- Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.

    Hemos sido reconciliados con Dios y la victoria de la Fe en Jesucristo es estar en eterna comunión con El.

    Que Dios nos ayude siempre…

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  2. Miguel, muchísimas gracias por tu comentario.

    Aclararé algunos puntos sobre el artículo publicado.

    1.- Creo que la base de la fe es la Palabra de Dios (Ro. 10:17). Si la fe no está cimentada en el fundamento de los apóstoles y profetas (i.e. el de Jesucristo), no es la fe salvífica.

    2.- Teniendo clara esa premisa, la Palabra está llena de advertencias acerca del infierno y la ira de Dios, lo que debemos sostener de la misma forma que el amor y la misericordia de Dios.

    3.- La Biblia no solo llama a amar a Dios sino también a temerle de una forma reverente (Fil 2:12; He. 12:28; Lc. 12:5; Dt. 13:4; Dt. 10:20, etc). Si nuestra adoración no tiene ese componente, no será una adoración llevada a cabo bíblicamente.

    4.- En los testimonios bíblicos de encuentro con Dios el hombre siempre se muestra con el temor ya señalado, que es absolutamente necesario que exista. Por ejemplo, los encuentros de Jacob, Isaías, Ezequiel, Zacarías padre de Juan el Bautista, el Apóstol Pablo, etc.

    Por ello, es necesario que nuestra adoración lleve implícitos ambos aspectos, tanto la consciencia del amor de Dios y la necesidad de conocerlo, como el apercibimiento respecto de su ira y la necesidad de arrepentimiento y temor reverente.

    Que Dios te bendiga

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  3. Navegando por ai achei seu blog. Surpresa boa. Vou segui-lo a partir de agora. Quando tiver um tempinho, vá visitar meu blog também, o Genizah.

    A paz!

    Danilo


    http://genizah-virtual.blogspot.com/

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  4. Los felicito. me encuentro con un excelente articulo muy bien preparado y muy teológico.
    Dios les bendiga.

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  5. Exelente, les felicito, Dios les bendiga

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