lunes, 28 de septiembre de 2009

¿Cómo me arrepiento?


Muchos batallamos por descubrir cuál es el verdadero arrepentimiento. A veces, de tanto esperar una especie de evento místico en que se abra el cielo y una luz celestial nos ilumine y nos transforme, perdemos el gozo de la salvación y centramos la vista en nosotros y nuestro pecado, sacándola de Cristo y su obra redentora.

Es cierto, debemos lamentarnos por nuestro pecado y hemos de tener consciencia de nuestra total indignidad e inmerecimiento de toda bendición de parte de Dios, pero a la vez se nos llama a tener fe en que Jesucristo puede liberar de pecado a todo aquel que clame en necesidad. Si Dios mismo nos ofrece su infinita gracia, gracia que por lo demás costó nada menos que la muerte de su amado Hijo, ¿Quiénes somos nosotros para no aceptarla?

Llamo a todo aquel que se siente esclavo del pecado, a todo el que vea sus muñecas cubiertas de pesados grilletes de hierro, a todo el que no puede avanzar porque su carga es demasiado pesada a DESCANSAR EN LA OBRA REDENTORA DE JESUCRISTO, renunciando a agradar a Dios en sus propios méritos y esfuerzos. El arrepentimiento verdadero mira a la justicia de Cristo, no a la justicia propia, que ante Dios no es más que trapos de inmundicia (Is. 64:6).

Fue Él quien dijo: "si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres" (Jn. 8:36).

No esperemos que el cielo se abra frente a nosotros para arrepentirnos, antes bien clamemos a Dios rogando por liberación, y aguardemos su salvación:

"todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo" Ro. 10:13

"Y el que creyere en él, no será avergonzado" Ro. 9:33

Que el Señor nos haga abundar en conocimiento de su Hijo Jesucristo, y nos preserve de toda obra mala hasta su regreso en gloria y potestad.

Bendiciones

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Los dejo con un mensaje muy recomendable del Pastor Tim Conway, de Grace Community Church, San Antonio, Texas. Video subido por www.illbehonest.com, editado y subtitulado por quien escribe.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Whitefield: Un ejemplo de verdadera piedad


"Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar" 1 Tim. 5:17

En tiempos en que la mayoría de los pastores (sinónimo de "anciano" y de "obispo") piensan en acortar al máximo sus sermones, ya sea para no aburrir a quienes llenan sus bancas, o derechamente porque no conocen bien las Escrituras; el ejemplo de Whitefield alumbra como un destello en las tinieblas.

George Whitefield fue un ministro de la Iglesia de Inglaterra, siendo una figura prominente del movimiento metodista (denominado así por su forma de estudiar las Escrituras). Participó en el primer gran avivamiento de las colonias británicas en América, destacando como evangelista en las clases populares.

Lo que pretendo destacar aquí no son sus virtudes como persona ni las cualidades de su carácter, sino la forma en que fue utilizado por la gracia de Dios (quien recibe toda la honra). Esta gracia inconmesurable lo llevó a desgastarse al máximo por la expansión del Evangelio, hasta literalmente morir exhausto de predicar. Ese sí que es un ejemplo de negarse a uno mismo y tomar su cruz día a día para seguir a Cristo.

Un caso similar lo encontramos en Hch. 20:7-12, donde se nos relata que Pablo predicó desde antes de la medianoche hasta el alba, debiendo zarpar al día siguiente. ¿Acaso Pablo ignoraba lo que enseñan en los seminarios actualmente, sobre que la predicación no debe durar más de 20 minutos para mantener la atención cautiva de los auditores? Todo indica que en nuestros días habrían tomado aparte al Apóstol, para enseñarle que las predicaciones deben ser más cortas y atractivas.

¡Dios nos libre de este evangelio superficial y lleno de marketing!

Ruego a Dios que la misma actitud presente en el Apóstol Pablo y en George Whitefield esté en aquellos predicadores que hoy en día tienen más de publicistas que de evangelistas.

Luego de esta introducción, los dejo con el relato. Que Dios nos dé la gracia para servirlo como a Él le agrada. Amén.


viernes, 11 de septiembre de 2009

Evangelio a gusto del consumidor - John MacArthur


"La primera función de un mercadeo exitoso es dar a los consumidores lo que quieren. Si quieren hamburguesas más grandes, hagan más grandes sus hamburguesas. ¿Bebidas con seis sabores de frutas? Hecho. ¿Minifurgonetas con diez portavasos? Póngales veinte. Hay que mantener satisfecho al cliente. Hay que modificar el producto y su mensaje para que se supla sus necesidades si quiere establecer mercado y mantener a raya a la competencia.

Hoy día, esta misma mentalidad consumista ha invadido al cristianismo. ¿Dicen que el culto de la iglesia es demasiado largo? Pues acortémoslo (cierto pastor garantiza que sus sermones ¡nunca duran más de siete minutos!) ¿Demasiado formal? Vístase con ropa deportiva. ¿Demasiado aburrido? ¡Espere a oír nuestra banda de música!

Y si el mensaje es demasiado agresivo, acusador o exclusivista, que asusta, que es increíble, difícil de entender, o demasiado lo que sea para su gusto, hay iglesias por todas partes que están ansiosas de ajustar ese mensaje para que usted se sienta más cómodo. En esta nueva versión del cristianismo usted es socio del equipo, diseñador de la vida de la iglesia, y se deja por fuera toda autoridad anticuada, los sentimientos de culpabilidad, la responsabilidad y los absolutos morales.

Una iglesia envió hace poco una circular prometiendo ‘atmósfera informal y reposada con buena música de nuestra banda’, y los que asistan, ‘aunque usted no lo crea, se divertirán’. Esto sería excelente si se tratase de un café o algo por el estilo, pero quienquiera que pretenda llamar a las personas al evangelio de Jesús con tales cosas como prioridades, las llama a una mentira.

Es cristianismo para consumidores: cristianismo ligero, redirección, cristianismo diluido e interpretación errónea del evangelio bíblico, en un intento por hacerlo más digerible y popular […] Pero esa ligereza jamás le llenará con el evangelio verdadero y salvador de Jesucristo, porque está diseñado por el hombre y no por Dios, y es vacío y no sirve para nada. A decir verdad, es peor que inútil, porque los que oyen el mensaje del cristianismo ligero piensan que están oyendo el evangelio y creen que están siendo rescatados del castigo eterno, cuando en verdad están siendo trágicamente descarriados.

El verdadero evangelio es un llamado a negarse a uno mismo. No es un llamado a la autorrealización. Eso lo pone contra la proclamación contemporánea del evangelio, en la que los ministros ven a Jesús como un genio utilitario. Uno frota la lámpara, Cristo sale y le dice que puede tener lo que se le antoje; uno le da la lista y él lo cumple.

[…]

Algunos que forman parte del evangelicalismo le dirán que Jesús solo quiere que a usted le vaya bien, y que si no le va bien es porque usted no ha presentado su boleto de lotería espiritual. Si no es rico, es porque no lo ha reclamado. Jesús quiere que usted esté libre de deudas, y si manda a los televangelistas suficiente dinero, ese acto de fe lo libertará del demonio de la deuda. Su salvación por medio de Cristo es garantía de salud, riqueza, prosperidad y felicidad.

Los evangélicos que se adhieren a la psicología antropocéntrica (centrada en el ser humano) le dicen que Jesús le da paz, que Jesús le da alegría, que Jesús le hace mejor vendedor y también que Jesús le ayuda a lograr más jonrones. Jesús realmente quiere que usted se sienta muy bien con respecto a usted mismo. Quiere elevar su propia imagen. Quiere poner fin a su pensamiento negativo.

[…] Discúlpenme si no me uno. No puedo pensar en ningún plan con el que menos quisiera asociarme.

En esta nueva reforma de la autoestima, lo primero que se exige es bajar a Dios de su lugar supremamente elevado para así uno poder elevarse y reemplazar la teología que exalta a Dios con una psicología de la autoestima que exalta al hombre. Para que esto resulte hay que alterar e interpretar erróneamente la Biblia y el evangelio, con el fin grandioso de hacer que las personas se sientan bien en cuanto a sí mismas, para que así puedan cumplir sus sueños y poner en práctica sus visiones.

[…]

El cristianismo, en las manos de algunos dirigentes de iglesias que se acomodan al que busca, se ha convertido en un movimiento de ‘logre lo que quiera’ en lugar de ser un movimiento de ‘abandónelo todo’. Estos dirigentes han prostituido la intención divina del evangelio. Han reemplazado la gloria de Dios por la satisfacción del hombre. Han canjeado el concepto de entregar por entero nuestras vidas para el honor de Cristo por el de ser honrados por Cristo. Como tal, nuestra sumisión a la voluntad de Dios es reemplazada por la sumisión de Dios a nuestra voluntad.

[…]

‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará’ (Mateo 16.24-25). No se trata de exaltarme a mí mismo, se trata de matarme a mí mismo. Es la muerte del yo. Uno gana al perder; uno vive al morir. Ese es el mensaje central del evangelio. Esa es la esencia del discipulado.

El pasaje no menciona nada de mejorar la autoestima, de ser rico y triunfante, de sentirse bien respecto a uno mismo o de tener satisfechas todas las necesidades, que es lo que muchas iglesias predican estos días a fin de dorar la píldora de la verdad.

Así que, ¿quién tiene la razón? ¿Es el mensaje del cristianismo de realización propia o es la negación de uno mismo? No puede ser ambas cosas. Si es cuestión de opinión, yo hago lo mío y usted hace lo suyo, y ambos nos deslizamos raudos y contentos en direcciones diferentes. Pero el cristianismo, el evangelio genuino de Jesucristo, no es cuestión de opinión. Es cuestión de verdad. Lo que usted quiere, lo que yo quiero o lo que cualquiera quiere no importa. Es lo que es… por la voluntad soberana de Dios."

*Extracto de MacArthur, John; "Difícil de creer. El alto costo e infinito valor de seguir a Jesús". Ed. Caribe, Inc., 6° edición, traductor Miguel Mesías, impreso en EEUU, 2004. Pp. 3-8.

"MIRAD QUE NADIE OS ENGAÑE..." Col. 2:8.

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Los dejo con un video que ilustra la triste doctrina del iglecrecimiento. Agradecemos a jesus24x7 por subir y subtitular este video.


martes, 8 de septiembre de 2009

Evangelismo actual vs. la Biblia


"Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente" 1 Co. 2:14.

"Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego." Ro. 1:16.

Aunque las falencias del evangelismo de la conocida "oración del pecador" ("recibe a Cristo en tu corazón") y las "leyes espirituales" han sido más que abordadas por muchos cristianos fieles a la Biblia (lo que es muy bueno), no está de más decir un par de cosas -grosso modo- acerca de evangelismo actual:

1.- Olvida que la conversión es una obra soberana de Dios (Hch. 16:14), creyendo que se trata de una obra de convencimiento intelectual que el predicador realiza sobre la audiencia. Es decir, se desdeña la obra única e insustituíble del Espíritu Santo en el nuevo nacimiento, y en vez de eso se utilizan toda clase de artimañas para "atraer" o "convencer" a quien escucha.

2.- Omite toda referencia a la ira de Dios y su justo juicio. El orden bíblico comienza predicando la ira de Dios (véase por ejemplo el comienzo del libro de Romanos) para luego pasar a la misericordia y el amor. En contraste, el evangelismo actual comienza con frases tales como "Dios te ama", o "eres lo más maravilloso a los ojos de Dios", sin aclarar que "el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él" (Jn. 3:36).

3.- Reduce el arrepentimiento a la mera realización de un rito: repetir una oración "con sinceridad". Creo sin lugar a dudas que todo aquel que repite dicha oración lo hace con algún grado de sinceridad. Hasta donde he podido apreciar, nadie lo hace obligado, si hay algo que los evangelistas actuales promueven es la voluntariedad de la "decisión por Cristo" (aun cuando sus métodos incluyan la manipulación psicológica). Sin embargo, la abrumadora mayoría de los que repiten la oración nunca vuelven a la iglesia y siguen viviendo tan carnalmente como antes. ¿Podemos decir entonces que lo que salva es repetir la oración "con sinceridad"? No. Antes bien lo que salva es la obra soberana del Espíritu de Dios.

4.- Olvida que el Evangelio es locura para el inconverso (1 Co. 2:14), y lo mutila de sus partes políticamente incorrectas, para hacerlo más "atractivo" al mundo. Es así como no nos damos cuenta y tenemos dentro de nuestras congregaciones a la industria del entretenimiento, por una parte para que el inconverso se sienta "cómodo" en las bancas de la iglesia, y por otra, para retener a quien ha sido falsamente convertido a través de estos métodos carnales.

5.- Olvida que el evangelio es "poder de Dios para salvación" (Ro. 1:16), convirtiéndolo en "poder del predicador", quien a través de su elocuencia y psicología afectiva puede motivar "decisiones por Cristo" en la audiencia. Contrario a esta nueva tendencia, Pablo afirma:

"Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios." 1 Co. 2:1-5.

6.- Al producir conversos aparentes en masa, termina disociando la justificación de la santificación. En otras palabras, "puedes aceptar a Cristo como Salvador y después como Señor". Sin embargo, en la Biblia la justificación no aparece separada de la santificación, sino que por el contrario, se muestra a la segunda como consecuencia inseparable de la primera. Si no actúo como si Cristo fuera mi Señor, es porque en realidad no he sido salvo.

7.- En su afán por ser atractivo para el mundo, termina por diluir el Evangelio de forma definitiva, optando por prédicas superficiales e insípidas, para así no herir sensibilidades de conversos aparentes y posibles nuevos conversos. Es así como las congregaciones se van desnutriendo hasta carecer completamente de discernimiento bíblico, quedando a merced de cualquier viento de doctrina.

Es triste ver cómo en iglesias donde se ha adoptado este método de evangelismo, los miembros carecen de conocimiento bíblico incluso de nivel básico, y por lo mismo no disponen de discernimiento escritural para distinguir entre lo verdadero y lo falso (más aun, tienden a preferir lo falso); se deja de aplicar la disciplina eclesiástica; temas como la santidad, la ira de Dios, el pecado y la piedad ya no se tocan más; y el entretenimiento de los miembros pasa a ser más importante que la predicación de la Palabra. Se trata de congregaciones totalmente desnutridas, donde es posible apreciar esos espíritus desesperadamente famélicos que no distinguen entre la comida sacada de un basural y un fino plato de buena mesa.

Por lo mismo, no se trata solo de un lamentable error, sino que también -me atrevo a decirlo con todas sus letras- de una herejía que debe ser repelida con el mayor de los rechazos.

Que el Señor nos conceda discernimiento y gracia para permanecer firmes en el fundamento de los apóstoles y los profetas (Ef. 2:20). Amén.

Que el Señor los bendiga.

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Los dejo con un video elaborado por el hermano Mariano Godoy (cristosoberano en youtube) para este blog. Agradecemos su colaboración.


domingo, 30 de agosto de 2009

¿Quieres vivir en moralidad mínima?


No hay duda de que la Biblia nos ordena ser santos en nuestra manera de vivir. Podemos citar entre muchos otros:

"pues está escrito: «Sean santos, porque yo soy santo.»" 1 P. 1:16.

"Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor" He. 12:14.

Vemos que la Biblia no reserva la calidad de "santo" a cristianos excepcionales que reciben tal denominación una vez muertos, sino que más bien ordena a todo creyente vivir en santidad. De hecho, "santo" se utiliza como sinónimo de "cristiano" (por ej. Ro. 8:27; 12:13; 15:25-26, 31; 16:15; 1 Co. 6:1; 14:33; 16:1, entre otros).

Ahora bien, ante esto muchos se preguntan: ¿Hasta dónde puedo hacer tal cosa y todavía ser santo?, o ¿Cuál es el límite entre lo santo y lo profano?, denotando con esto que su intención es vivir en el mínimo aceptable. Pretenden tranquilizar sus consciencias sabiendo que todavía pueden ser llamados "santos", pero a la vez revolcarse en el mismo barro con que se ensuciaban antes.

Lo anterior nos habla de un problema mayor, que nos debe llevar a la reflexión: ¿Estamos tratando de agradar a Dios por obligación o vivimos en santidad porque lo amamos? El cristianismo se basa en un cambio del corazón, un paso de muerte a vida (Ef. 2:5), la conversión en una nueva creación (2 Co. 5:17); por tanto, quien se encuentra en esta condición quiere agradar a Dios porque lo ama, y aborrece aquello que es malo. Si nuestra supuesta vida en santidad no es más que el cumplimiento a regañadientes de los mandamientos de Dios, no somos más que fariseos hipócritas, y debemos rogar a Dios por un arrepentimiento verdadero.

Como dice 2 Co. 13:5 "Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos". Si predicamos estas verdades no es para que permanezcamos en el temor de no ser salvos, sino que antes bien caigamos de rodillas ante el Señor pidiendo perdón por nuestro corazón rebelde y obstinado hacia sus preceptos.

Que el Señor tenga misericordia de nuestra debilidad, y nos llene de gracia para vivir una gozosa santidad. Amén.

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Los dejo con una predicación de Tim Conway, Pastor de "Grace Community Church" de San Antonio, Texas. Tomado de illbehonest.


jueves, 27 de agosto de 2009

El motivo de maldición


"Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios" 2 Co. 5:21 (NVI).

"Porque Cristo murió por los pecados una vez por todas, el justo por los injustos, a fin de llevarlos a ustedes a Dios. Él sufrió la muerte en su cuerpo, pero el Espíritu hizo que volviera a la vida" 1 P. 3:18

Para un tratamiento más exhaustivo de la doctrina de la imputación, ver aquí.

Les recomiendo mucho ver esta predicación que les dejo a continuación.

Que el Señor nos haga abundar más y más en el conocimiento de Jesucristo. Amén.


lunes, 24 de agosto de 2009

¿Pastorado femenino?

Vivimos una época en que la cultura ha deslumbrado a la “cristiandad”. En nuestros púlpitos ya no se proclama la “sola Scriptura”, es decir, la Biblia como única y suprema regla de fe, sino que ahora son la cultura y el mundo los que gozan de ese glorioso sitial y se pasean pomposamente en las congregaciones. Ya no puede decirse de los cristianos lo que antaño se dijo: “Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá […]” (Hch. 17.6); ya que actualmente es el mundo el que trastorna a las congregaciones que se dicen cristianas.

Una de las manifestaciones más patentes del fenómeno referido es el ya comúnmente aceptado liderazgo femenino en la iglesia. Es que la emancipación civil femenina ha deslumbrado tanto al mundo, su radiación ha sido tan poderosa que ha alcanzado incluso a las congregaciones que proclaman tener a la Biblia como su regla de fe.

Con esto no estamos diciendo que el machismo sea una tendencia deseable. Ciertamente se incurrió en muchos excesos a lo largo de la historia, y el rol bíblico de la mujer tampoco fue respetado. Pero el reconocimiento de ese hecho en ningún caso debía habernos llevado a la verdadera “ginecolatría” (“culto a la mujer”, si se me permite el neologismo) que sufre la sociedad actual.

Como ya hemos dicho, este fenómeno ha impactado fuertemente a las congregaciones mal guiadas, aquellas que en sus púlpitos han dejado de escudriñar las Escrituras, y se han dejado llevar por “todo viento de doctrina” (Ef. 4:14). Dichas “iglesias” han engullido la cucharada que el mundo puso en su boca, y ahora practican incluso la ordenación de “pastoras”, algo que la iglesia apostólica no conoció.

Qué dice la Biblia al respecto

Pese a lo anterior, la Palabra de Dios sigue allí, y seguirá eternamente aunque pasen cielo y tierra (Mt. 5:18).

En efecto, la Biblia dice:

“Como es costumbre en las congregaciones de los creyentes, guarden las mujeres silencio en la iglesia, pues no les está permitido hablar. Que estén sumisas, como lo establece la ley. Si quieren saber algo, que se lo pregunten en casa a sus esposos; porque no está bien visto que una mujer hable en la iglesia. ¿Acaso la palabra de Dios procedió de ustedes? ¿O son ustedes los únicos que la han recibido? Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que esto que les escribo es mandato del Señor. Si no lo reconoce, tampoco él será reconocido.” 1 Co. 14:33-38 (NVI).

De este texto podemos extraer algunas conclusiones:

1.- El contexto del pasaje referido se refiere al profetizar, que en el mismo capítulo se define como hablar a los hombres “para edificación, exhortación y consolación” (v. 3). Esto es perfectamente identificable con predicar la Palabra de Dios.

2.- Lo que Pablo sostiene en este pasaje es “costumbre en las congregaciones de los creyentes”, (lit. “Como en todas las iglesias de los santos”), es decir, es la aplicación de la enseñanza apostólica en las demás iglesias, y por la fuerza de esa autoridad Pablo compele a la iglesia de Corinto a seguir el ejemplo.

Pablo está queriendo decir con esto que la enseñanza que va a desplegar es universal, sin limitaciones geográficas, temporales ni culturales.

3.- La mujer debe guardar silencio en la iglesia, pues no le está permitido hablar. Siguiendo la ley, debe estar sumisa. Nótese que Pablo recurre a la ley como autoridad, no porque la ley ceremonial rija el culto eclesiástico, sino “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron […]” (Ro. 15:4), es decir, podemos extraer la voluntad general de Dios a partir de la ley ceremonial, y en este caso, esa voluntad es que la mujer permanezca bajo la autoridad del hombre cuando la iglesia se encuentre reunida.

4.- Reprende a la iglesia de Corinto por creer que pueden sobreponerse al “fundamento de los apóstoles y los profetas” (Ef. 2:20), diciéndoles: “¿Acaso la palabra de Dios procedió de ustedes? ¿O son ustedes los únicos que la han recibido?”. Como iglesia nos debemos a la Escritura, no debiendo ir más allá de lo que está escrito (1 Co. 4:6), en vez de torcer la Biblia para ir acorde a la cultura.

5.- Pablo reafirma la autoridad de su discurso recalcando que es un mandato del Señor, por tanto quien se considera espiritual debe acatar lo que él está diciendo.

En tanto, otro pasaje señala:

“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia” 1 Tim. 2:11-15 (RVR 1960).

También aquí podemos concluir:

1.- El rol de la mujer en la congregación no es enseñar, sino aprender en silencio y en sujeción a la autoridad.

2.- El argumento que se da como sustento no es cultural, sino bíblico: Adán fue formado primero y después Eva, y no fue Adán el que cayó primero sino Eva. Es decir, esta enseñanza no se limita a una cultura o tiempo determinado, ya que su sustento es de orden teológico-escritural.

3.- Con la parte final no se refiere a que para ser salva la mujer deba engendrar hijos, eso sería salvación por obras y además excluiría inexplicablemente a las estériles o a las solteras. Aquí “salvación” se utiliza en sentido amplio. En griego, la palabra para salvación aquí es “σώζω” (“sozo”), y según el diccionario Strong significa “salvar”, pero en el sentido de “liberar o proteger”, ya sea literal o figuradamente; “sanar, preservar, salvar (se), hacer bien, ser pleno”. A lo que se refiere es que se redime o se reivindica de su transgresión en el huerto del Edén. De hecho, la palabra utilizada aquí para “salvación” no es la misma que se utiliza para la salvación espiritual, que es “σωτηρία” (sotería) (por ej. en Hch. 4:12).

Como podemos ver, en ninguno de los pasajes anteriores se dan argumentos culturales, sino que se recurre a la autoridad de la Escritura para fundamentar que la mujer debe permanecer bajo autoridad masculina en la Iglesia. Esto es manifestación del principio general según el cual el varón es cabeza (“κεφαλή”, “kephalé”[1], cabeza en el sentido de autoridad) de la mujer en el matrimonio (Ef. 5:22-23).

Todo esto va en contra de lo que el mundo sostiene hoy, y de hecho les parece locura inconcebible, pero nuestro patrón no es la cultura mundana sino la Palabra de Dios.

Con lo anterior no se niega Gá. 3:28, que dice: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Ante los ojos de Dios varón y mujer son considerados iguales, uno no vale más que el otro. Sin embargo, en cuanto a los roles son distintos, siendo el hombre autoridad de la mujer en el matrimonio y en la iglesia. Esto en ningún caso debe llevar a despotismo o autoritarismo, la mujer cristiana debe ser respetada como hija del Altísimo, un ser por el cual Cristo derramó su sangre al igual que por el varón cristiano. Pero esto no significa atribuirle roles que la Biblia le niega.

Lo dicho se demuestra en que Cristo se sometió al Padre y le fue obediente (Fil. 2:8), pero no por eso fue inferior en esencia al Padre, ya que eso implicaría que hay dos dioses, o que Cristo en algún momento dejó su estado de deidad. La sumisión no implica una calidad distinta, sino un rol distinto.

A lo ya expuesto agregamos:

1.- En los requisitos establecidos para ser obispo, se presupone que quien ostentará el ministerio es un varón. Esto dice 1 Ti. 3:2 “Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar”. Así, el cargo es para el género masculino.

2.- Debemos recordar que Pablo estableció a Timoteo como pastor de una iglesia con el fin de que velar por la doctrina correcta (cap. 1 vv. 3-4), por tanto la carta dirigida a él contiene la sana doctrina que se debe imponer en la congregación. Es en ese marco donde se le dan las instrucciones expuestas en el número anterior.

3.- El pasaje de 1 Co. 11:2-16 sí tiene un trasfondo cultural geográfico. Más exactamente, el trasfondo de la enseñanza es universal, pero la forma en que esa enseñanza se aplica es cultural. Como expone John MacArthur en la nota de este pasaje, “Aquí el apóstol no establece una ley universal de parte de Dios, sino que solo reconoce una costumbre local que sí reflejaba un principio divino. En esa sociedad, la cabeza descubierta de un hombre era una señal de su autoridad sobre las mujeres, quienes debían mantener sus cabezas cubiertas. Si un hombre cubría su cabeza daba a entender algún grado de inversión de las funciones propias de cada género”. Es decir, si en nuestra cultura actual existiera algún símbolo de autoridad del hombre sobre la mujer, debería utilizarse ese símbolo (sólo como ejemplo, que la mujer lleve puesto un anillo). No significa que actualmente deba usarse el velo, sino que debe usarse el símbolo de autoridad que la época haya establecido, de existir éste.

4.- En la Biblia no hay ningún caso de una “Pastora” u “Obispa”, ya que como hemos visto, el cargo es masculino.

5.- La Biblia no niega completamente a la mujer el trabajar en el ministerio. Al contrario, da la posibilidad de obrar en diversos ámbitos, pero no en la predicación de la Palabra. Podemos ver la injerencia de las mujeres en la cristiandad primitiva:

  • Las mujeres siguieron y sirvieron a Jesús.
  • Las mujeres estaban entre los discípulos en el aposento alto (Hechos 1:14), fueron bautizadas por el Espíritu Santo, y hablaron en lenguas en Pentecostés (Hechos 2:17-18).
  • Las mujeres creyeron en Jesús y fueron personalmente bautizadas y perseguidas para su fe (Hechos 5:14; 8:12; 9:2; 17:4,12).
  • Las mujeres atendieron a los pobres en formas prácticas (Tabita – Hechos 9:36).
  • Las mujeres instruyeron otros con la Palabra (Tito 2:3-5; También vea a Priscila en Hechos 18:26).
  • Las mujeres profetizaron (Hechos 21:8).
  • Las mujeres pudieron haber sido diaconisas (Romanos 16:2 y 1 Timoteo 3:11).

Las limitaciones incluyeron:

  • Jesús escogió a hombres como apóstoles; en la transfiguración, la última cena, y Getsemaní, sólo estaban presentes hombres. Él nunca metió a mujeres en la posición de dirigir a hombres.
  • No hay registro de alguna mujer predicando a hombres o enseñando públicamente en Hechos.
  • No se les permitió ser ancianos o enseñar o tener autoridad sobre hombres en la iglesia.
  • Cuando surgió la necesidad de supervisar la distribución de comida, sorprendentemente siete hombres fueron escogidos.
  • Los equipos misioneros iniciales estaban compuestos por un mínimo de dos hombres.
  • La primera disputa doctrinal fue decidida por hombres.
  • El Nuevo Testamento fue escrito por hombres[2].

Conclusión

La Palabra de Dios y la historia de la iglesia son bastante claras en que el liderazgo de la iglesia, en cuanto al pastorado y obispado fue encargado al género masculino. Las voces que abogan por hacer caso omiso a las Escrituras para ir acorde a la cultura secular lo único que hacen es dar coces contra el aguijón, y preferir la sabiduría carnal y humanista antes que la revelación del único y eterno Señor. Sin embargo, aún cuando el mundo y muchas congregaciones cierren sus oídos a las Escrituras, éstas seguirán ahí por los siglos de los siglos, acusando su impertinencia y su necedad.

Se comprueba lo dicho por el apóstol Pablo a Timoteo: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Ti. 4:3-4). Es justo lo que están haciendo en la actualidad, amontonándose maestros que les digan lo que quieren oír, aunque se están yendo junto con ellos por el camino de la destrucción, el que se aparta de las Escrituras.

No encuentro una mejor forma de terminar que citando al mismo Pablo, en su discurso a los corintios: “Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que esto que les escribo es mandato del Señor. Si no lo reconoce, tampoco él será reconocido”.

“Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina”

Tito 2:1.



[1] De aquí extraemos por ejemplo “cefalea”, que es dolor de cabeza. También decimos que cuando una institución o país está sin autoridad se encuentra “acéfalo”, es decir, “sin cabeza”.

[2] Extraído de artículo de Gary E. Gilley, en blog “Evangelio según Jesucristo”, http://evangelio.wordpress.com/2009/02/03/el-papel-de-las-mujeres-en-el-ministerio-1-parte/


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Para terminar, los dejo con una enseñanza del Pastor Henry Tolopilo, del ministerio Gracia a Vosotros, acerca de este tema.